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martes, 15 de marzo de 2011

LAS PERDIDAS MEMORIAS DEL MARISCAL CACERES



Por : Olga Natalia Guzmán Ribeyro


Que Cáceres escribió de puño y letra sus “Memorias” –hasta la fecha no encontradas- es una verdad corroborada por el testimonio de su hija doña Zoila Aurora Cáceres, quien el año 1939 anotó a pie de página y redactó unas Reflexiones Finales al opúsculo titulado: “El Centenario del Mariscal Andrés A. Cáceres. Biografía escrita por Jorge Guillermo Leguía”, que ese año se publicó en los talleres de la Litografía
Leblanc, en Santiago de Chile.

Extractamos en esta nota lo que la distinguida historiadora anotó en las páginas 53-55, con la esperanza de que algún día puedan ser halladas las auténticas “Memorias” de Cáceres, hasta hoy desconocidas.

“Mal informado estuvo Jorge Guillermo Leguía -escribió Zoila Aurora Cáceres-en lo que se refiere a mi libro “Campaña de La Breña” (Memorias del Mariscal Cáceres), al decir que mi padre “no estaba satisfecho”. Algo hubo que resultó una profecía. La magnitud de la obra que emprendí. Alentada por los Generales, sus amigos, abarqué toda la Historia de la Guerra, años 1881-62-83. Él me dijo: “es una obra demasiado extensa (y) no llegará a imprimirse”.

Se cumplió la profecía, porque sólo he publicado el primer tomo, debido a que siendo una obra nacional ha debido editarla el Gobierno. La impresión del primer tomo, dado su gran volumen aumentado por múltiples documentos, me significó un esfuerzo pecuniario que no me es posible repetir.

Yo hice el esfuerzo esquemático histórico cronológico geográfico y en él escribió mi padre sus Memorias, cuando ya era octogenario y que yo documenté. La más penosa labore fue la búsqueda de la autenticidad. Tuve que seleccionar miles de papeles que formaban rimeros en el Estado Mayor del Ejército, además hacer estenografiar conversaciones de los sobrevivientes y confrontarlas para evitar el error histórico. La falta del archivo oficial de la época, extraviado en los desastres de la guerra, aumentaba lo penoso de esta labor.

Recuerdo que estando mi hermana presente al leer a mi padre la descripción del combate de Huamachuco (aún no publicado) el llanto corría por su rostro al punto que no quise continuar la lectura pero él insistió y me dijo: “Me haces revivir esa jornada, no hay ningún equívoco, está perfecta, parece que la hubieses presenciado”.

Ya había cumplido el Mariscal Cáceres los 90 años cuando el Comandante Julio Guerrero, con la información del libro que yo había publicado y la que obtuviera verbalmente, escribió en un tomo toda la epopeya de la Campaña del Centro, resultando la obra completa y con juicios profesionales del que ya estaba acreditado parta formularlos. Mi obra ahora está inconclusa, pero con toda la documentación lista y gran parte ya escrita.

Guardo los originales manuscritos por el Mariscal Cáceres.
Mi libro es una obra de biblioteca, de consulta para los profesionales, nada de
lo acontecido se escapa y está respaldado por numerosa documentación oficial de la que aún sólo he devuelto la referente al primer tomo. Conservo el comprobante de haberlos entregado al Archivo Nacional rogando que los conserven como prueba de la autenticidad de la Historia de la Campaña de La Breña”.

CÁCERES Y EL SAQUEO DE LA BIBLIOTECA NACIONAL




Por: Milagros Martínez Muñoz.

Lo acontecido recientemente en la Biblioteca Nacional parece ser el hilo conductor de un saqueo en vasta escala, que tendría como especial objetivo la documentación del Caudillo de La Breña.
Resulta obvio que los "200 manuscritos originales del mariscal Andrés Avelino Cáceres", encontrados en la azotea de la antigua sede de la Biblioteca Nacional, en la Av. Abancay, "dentro de un mueble listo para ser desechado" (información de “El Comercio”, febrero 25), tuviesen como destinatario algún "coleccionista" que encargó esa "mercancía" a corruptos funcionarios y/o empleados de dicha institución, en los últimos tiempos tan venida a menos.
Personalmente, no me sorprende que se haya pretendido comercializar documentos de Cáceres. Habría que revisar exhaustivamente (si existen índices) el contenido de los archivos de personajes coetáneos al Héroe de La Breña, pues es en ellos donde se guardan (o guardaban) cientos de cartas de Cáceres. El Archivo Cáceres, hasta donde pudimos investigar, contenía solo alguna documentación de la campaña del Sur, en tanto que los archivos coetáneos se referían a un período más amplio. Entre ellos, otrora se guardaba celosamente en la bóveda de la Biblioteca Nacional los de Remigio Morales Bermúdez, Lizardo Montero y sobre todo Nicolás de Piérola.
Sería de lamentar que se hubiesen extraído de dichos archivos las cartas de Cáceres, como por desgracia ya ha ocurrido con el maltratado Archivo Recavarren, totalmente descuidado en el Centro de Estudios Histórico-Militares del Perú. Sucede que los cuadernillos de este Archivo existen, incluso con un índice en primera página según el cual contienen cartas de Cáceres, pero cuando se las busca solo se constata de que las han robado. Microfilmes completos, tomados antes del robo por acuciosos investigadores, son prueba palpable del delito de lesa cultura perpetrado.
El personaje Cáceres ha cobrado en tiempos recientes inusitada relevancia. Varias tesis de la Universidad Católica han girado en torno a su trajinar en la Campaña de La Breña (Rodolfo Castro Lizarbe, Hugo Pereyra Plasencia), en tanto otros han publicado documentación suya (Francisco Yábar, Guzmán Palomino, Juan José Rodríguez). Pero no solo en el Perú interesa Cáceres, sino también en Chile, donde el tema de la Guerra de 1879-1884 nunca dejó de tener supremo interés. La reedición de la monumental Colección Ahumada Moreno es solo una prueba de ello, como también la edición de textos digitales, incluida documentación de la época, en sus portales de Internet.
Los documentos de Cáceres, muchos de ellos perdidos en otros tiempos (algunos en un gran incendio, según mención de Zoila Aurora Cáceres, otros en manos de anticuarios, etc.) deben ser de tal valía (y presumiblemente de un alto costo) que vuelven a ser mencionados en este nuevo atentado contra el patrimonio cultural perpetrado en la Biblioteca Nacional.
Su antigua Hemeroteca tenía también raros ejemplares de periódicos y revistas vinculados a Cáceres que ahora ni siquiera aparecen en sus índices. Nos referimos, por citar dos casos, al periódico "La Unificación Nacional", fundado en Huamanga en 1882, precisamente cuando Cáceres tenía allí establecido su cuartel general; y la Revista Germinal, publicada en las primeras décadas del siglo XX por Zoila Aurora Cáceres.
Esperemos que esta vez se ubique a los culpables, ente ellos quienes la han conducido con tamaña dejadez (las declaraciones del ex director son en verdad patéticas) y se explique el por qué de esta incuria que nos expone ante el mundo como un país que tiene en poco su rico acervo histórico.

martes, 16 de febrero de 2010

Cáceres: La Reconstrucción Nacional y los avatares de la post guerra



La Breña y Tarapacá: La victoria de Cáceres

Juan José Vega
Todo lo aprendió en la batalla de Tarapacá. En La Breña sólo el paisaje habría de variar. Del salitral desértico a las punas y anfractuosidades cordilleranas. De las neblinas a las tormentas.
Del sol que calcina a los hielos que matan. Sacó Cáceres experiencias de los desastres de esa campaña del sur que no condujo; y exprimió ímpetu y energía de la victoria que logró, un 27 de noviembre de 1879. Además, lauros en retirada. Porque en los anales de la historia universal resulta raro encontrar triunfos así replegándose. Es necesario apelar a genios de la guerra, como Napoleón en el Beresina, en la Rusia de 1812; o en Kiev con Erich von Manstein en 1943.

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CLASES SOCIALES Y CAMPAÑA DE LA BREÑA: APUNTES INICIALES

Luis Guzmán Palomino

La anarquía política en el Perú enfrentó a los sectores representativos de las diversas facciones de la clase dominante chilena. Aquí no hubo revolución alguna; simplemente, rebeliones, motines y golpes de estado. Los grandes hacendados controlaron el Estado casi con exclusividad hasta la década de 1870, en que insurgieron los aprendices de burgueses con Manuel Pardo a la cabeza. Unos y otros desgraciaron al país con sus gobiernos corruptos, conduciéndolo a la bancarrota económica precisamente cuando la clase dominante chilena mostraba a las claras actitudes expansionistas. El Estado peruano descuidó de manera suicida su defensa nacional, no obstante ser notorio el armamentismo chileno. Pardo, que redujo el ejército y la marina a su más mínima expresión, llegó a decir que no debía temerse los preparativos bélicos de Chile, pues el Perú tenía dos grandes blindados: Bolivia y Argentina. Demagogia pura, como los hechos demostrarían muy pronto. Pardo firmó un tratado “secreto” –que de tal no tuvo nada pues de inmediato fue conocido por la diplomacia chilena‐ con Bolivia, país que, sin exageraciones, no tenía ni un modesto barco para las defensa de su mar y que, además, era gobernado por dictadores que en increíbles borracheras cedieron a Chile grados de su territorio, precisamente el que guardaba la riqueza del salitre. El otro “blindado” de Pardo, Argentina, no se plegó a ese tratado “secreto” de alianza defensiva, pues Chile supo superar a tiempo los diferendos limítrofes que tenía con ese país. De forma tal que al dejar el gobierno en 1876, Pardo, líder del “partido civil”, dejaba al Perú indefenso y desprestigiado a nivel internacional.

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Cáceres entre indios y criollos

Juan José Vega


Varios científicos sociales se han referido al apoyo campesino que, casi siempre, recibió el General Andrés A. Cáceres durante la Campaña de La Breña. Pero si a esta referencia agraria no le agregamos el concepto indígena no entenderemos la magnitud del esfuerzo espiritual del prócer y de su equipo y desde luego la complejidad del problema, cuya solución requirió tanta inteligencia como ternura hacia los desvalidos campesinos.

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CÁCERES Y ATUSPARIA

Por Luis Guzmán Palomino

Atusparia ha hecho el viaje desde su tierra hasta Lima con sólo el objeto de tener una conferencia con el Sr. Gral. Cáceres trayendo un hijo de diez años de edad, para entregárselo y a la vez (pedirle) que le eduque, a la usanza antigua, indicándole a la vez que quería que le hiciera educar e instruir para que más tarde pudiera abrir los ojos a sus hermanos.

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